
EL EMPASTADOR DE LIBROS
Una tarde tan común como cualquiera, mi madre y yo salimos como costumbre de fin de semana a una ciudad cercana, mamá apurada por que el autobús nos dejaba y yo algo molesto porque no quería ir, pero como en casa yo provocaba problemas con mis demás hermanos era mejor que mama me llevara, recuerdo que abordamos ese autobús de 2ª clase, humeante y que cualquier persona subía y tomaba el asiento que deseaba hasta llenarse, aturdido por los regaños de mama, el calor de la tarde, el mareo del humo y olor a gasolina quemada de un autobús que no pasaba de 15 años, no podía estar más enojado, arranco el autobús y por fin! ¡Aire fresco por la ventana!, avanzo como lo es normal en un autobús hasta realizar una parada más, abordaron muchas personas no puse atención en quienes subían, hasta percibir la mirada de un señor muy bien vestido, humilde pero bien vestido, entre alto y bajo, normal, no logro recordar su cara, pero en ese momento me resulto agradable y muy natural, se sentó a un lado mío y el autobús retomo su curso con algunas paradas continuas durante el camino a aquella ciudad cercana, poco tiempo después el señor sentado a un lado mío me dice: “eres un pillo” (había saludado a una de mis compañeras de clase en uno de los poblados que se encontraban a las afueras de la ciudad desde el autobús) no, como cree, es una compañera, respondí, no te preocupes te creo, respondió, y de ahí surge una plática interesante, claro con las preguntas de siempre, ¿Cómo te llamas? ¿Cuántos años tienes? ¿De dónde eres? ¿A qué te dedicas? y pues me pareció un buen señor, así que continué la plática respondiendo cada una de esas preguntas, al poco rato surge la pregunta de ¿A dónde vas y a qué?, con un tono de vos aburrido le conteste voy de compras con mi mama a la siguiente ciudad, pero voy que me llevan no por mi gusto, es que provoco algunos problemas en mi casa y además no me gusta la escuela ni hacer quehaceres domésticos, el me respondió: no, no, eso está mal, debes de portarte bien para que no te regañen, mira, respondió, si a mí me hubieran dado la oportunidad de ya no volverme a portar mal no hubiera sufrido muchos años, admirado por eso me quede asombrado y pregunté ¿Por qué sufrió?, pues a mí me pasaba casi lo mismo que a ti en éstos momentos, no me gustaba la escuela era rebelde, pero en mi caso algo más severo me sucedió y sin oportunidad alguna me mandaron a un internado de varones, donde obedeces u obedeces, drástico pero seguro para corregirte, te levantan a las 5 de la mañana para bañarte con agua fría, no como en casa, que hasta mama te calienta el agua, estudiar de 8am a 8pm, algunos recesos pero no mucho para divertirte lo necesario, si no obedecías te golpeaban, tan duro que en esos momentos lo único que puedes hacer es aguantar tal agonía de duros golpes nada comparados como la palma de mamá, además de tales golpes un buen quehacer no estaba de mas, como limpiar todo un salón, lavar trastes en grandes cantidades, largos pasillos, lo tenias que hacer bien o si no de vuelta al mismo castigo hasta quedar perfecto o si no, golpes con en las manos con reglas duras y frías, hincarse en taparroscas por largas horas, no había piedad siendo monjas quienes te dan el castigo, aunque lagrimas de dolor corrieran en tus mejillas había posibilidad de que te quitaran de ahí, dolor, angustia, tristeza y muchos recuerdos es lo que pasa en tu cabeza únicamente, y todo eso porque no quería obedecer en casa, porque mis padres no podían tenerme tranquilo y por no poner un poco de atención en lo que con el tiempo no hará ser grandes y mejores personas, estudiar, es lo que tus padres tratan de decirte, quieren verte grande, superado pero muy pocas veces logramos captar el mensaje de ellos y evadimos su gran esfuerzo, solo toma un corto tiempo después del castigo para saber que debiste obedecer en el momento indicad, y así el señor me relató lo que un día logré evitar.
A todas esas palabras que expresaban dolor y sufrimiento, palabras largas y confusas para mi aun para esa edad (10 años), pude lograr entender el mensaje, pude entender que si solo le hubieran dado una oportunidad más el hubiera cambiado, y no hubiera perdido esa niñez de la que muy pocos logramos gozar, el señor me dijo: trata de ser amable con tus padres y entiéndelos cuando te regañan, no es que te odien, es solo que te quieren proteger y temen que no entiendas, solo dales la oportunidad de ser mejores y tu date la oportunidad de ser un niño feliz, mírame a mí, grande, alegre, pero claro marcado por un carácter y una profesión aunque me hubiera gustado gozar de esa niñez que tú tienes si así hubiera sido todo sería diferente, bueno mucho gusto, se despidió llegamos a nuestro destino y corriendo a donde esta mama le dije: mamá, mamá te obedeceré seré mejor, después de ese día, no lo volví a ver, su nombre se borro de mi memoria al igual que su rostro agradable hasta el día de mi cumpleaños donde por cierto llego no sé cómo y me obsequio un billete que para mí era demasiado grande era solo un niño por eso , solo recuerdo que empastaba libros y que los dejaba como nuevos a veces me pregunto que será de ese señor y si aun se acuerda de ese niño con el que tuvo una plática formidable de superación, ya tengo edad adulta y las palabras de ese señor con presencia agradable aun quedan en mis recuerdos, aun queda la historia de una persona más.
Una tarde tan común como cualquiera, mi madre y yo salimos como costumbre de fin de semana a una ciudad cercana, mamá apurada por que el autobús nos dejaba y yo algo molesto porque no quería ir, pero como en casa yo provocaba problemas con mis demás hermanos era mejor que mama me llevara, recuerdo que abordamos ese autobús de 2ª clase, humeante y que cualquier persona subía y tomaba el asiento que deseaba hasta llenarse, aturdido por los regaños de mama, el calor de la tarde, el mareo del humo y olor a gasolina quemada de un autobús que no pasaba de 15 años, no podía estar más enojado, arranco el autobús y por fin! ¡Aire fresco por la ventana!, avanzo como lo es normal en un autobús hasta realizar una parada más, abordaron muchas personas no puse atención en quienes subían, hasta percibir la mirada de un señor muy bien vestido, humilde pero bien vestido, entre alto y bajo, normal, no logro recordar su cara, pero en ese momento me resulto agradable y muy natural, se sentó a un lado mío y el autobús retomo su curso con algunas paradas continuas durante el camino a aquella ciudad cercana, poco tiempo después el señor sentado a un lado mío me dice: “eres un pillo” (había saludado a una de mis compañeras de clase en uno de los poblados que se encontraban a las afueras de la ciudad desde el autobús) no, como cree, es una compañera, respondí, no te preocupes te creo, respondió, y de ahí surge una plática interesante, claro con las preguntas de siempre, ¿Cómo te llamas? ¿Cuántos años tienes? ¿De dónde eres? ¿A qué te dedicas? y pues me pareció un buen señor, así que continué la plática respondiendo cada una de esas preguntas, al poco rato surge la pregunta de ¿A dónde vas y a qué?, con un tono de vos aburrido le conteste voy de compras con mi mama a la siguiente ciudad, pero voy que me llevan no por mi gusto, es que provoco algunos problemas en mi casa y además no me gusta la escuela ni hacer quehaceres domésticos, el me respondió: no, no, eso está mal, debes de portarte bien para que no te regañen, mira, respondió, si a mí me hubieran dado la oportunidad de ya no volverme a portar mal no hubiera sufrido muchos años, admirado por eso me quede asombrado y pregunté ¿Por qué sufrió?, pues a mí me pasaba casi lo mismo que a ti en éstos momentos, no me gustaba la escuela era rebelde, pero en mi caso algo más severo me sucedió y sin oportunidad alguna me mandaron a un internado de varones, donde obedeces u obedeces, drástico pero seguro para corregirte, te levantan a las 5 de la mañana para bañarte con agua fría, no como en casa, que hasta mama te calienta el agua, estudiar de 8am a 8pm, algunos recesos pero no mucho para divertirte lo necesario, si no obedecías te golpeaban, tan duro que en esos momentos lo único que puedes hacer es aguantar tal agonía de duros golpes nada comparados como la palma de mamá, además de tales golpes un buen quehacer no estaba de mas, como limpiar todo un salón, lavar trastes en grandes cantidades, largos pasillos, lo tenias que hacer bien o si no de vuelta al mismo castigo hasta quedar perfecto o si no, golpes con en las manos con reglas duras y frías, hincarse en taparroscas por largas horas, no había piedad siendo monjas quienes te dan el castigo, aunque lagrimas de dolor corrieran en tus mejillas había posibilidad de que te quitaran de ahí, dolor, angustia, tristeza y muchos recuerdos es lo que pasa en tu cabeza únicamente, y todo eso porque no quería obedecer en casa, porque mis padres no podían tenerme tranquilo y por no poner un poco de atención en lo que con el tiempo no hará ser grandes y mejores personas, estudiar, es lo que tus padres tratan de decirte, quieren verte grande, superado pero muy pocas veces logramos captar el mensaje de ellos y evadimos su gran esfuerzo, solo toma un corto tiempo después del castigo para saber que debiste obedecer en el momento indicad, y así el señor me relató lo que un día logré evitar.
A todas esas palabras que expresaban dolor y sufrimiento, palabras largas y confusas para mi aun para esa edad (10 años), pude lograr entender el mensaje, pude entender que si solo le hubieran dado una oportunidad más el hubiera cambiado, y no hubiera perdido esa niñez de la que muy pocos logramos gozar, el señor me dijo: trata de ser amable con tus padres y entiéndelos cuando te regañan, no es que te odien, es solo que te quieren proteger y temen que no entiendas, solo dales la oportunidad de ser mejores y tu date la oportunidad de ser un niño feliz, mírame a mí, grande, alegre, pero claro marcado por un carácter y una profesión aunque me hubiera gustado gozar de esa niñez que tú tienes si así hubiera sido todo sería diferente, bueno mucho gusto, se despidió llegamos a nuestro destino y corriendo a donde esta mama le dije: mamá, mamá te obedeceré seré mejor, después de ese día, no lo volví a ver, su nombre se borro de mi memoria al igual que su rostro agradable hasta el día de mi cumpleaños donde por cierto llego no sé cómo y me obsequio un billete que para mí era demasiado grande era solo un niño por eso , solo recuerdo que empastaba libros y que los dejaba como nuevos a veces me pregunto que será de ese señor y si aun se acuerda de ese niño con el que tuvo una plática formidable de superación, ya tengo edad adulta y las palabras de ese señor con presencia agradable aun quedan en mis recuerdos, aun queda la historia de una persona más.